Os voy a contar, podéis llamarme Sr. X o como os plazca. Bueno, pues yo, estoy en mitad de la nada, no la nada que entenderíais por un desierto o algo así, sino una nada existencial, y hoy voy a acabar con ella, nada más acabar de hablar con vosotros.
La idea se me ocurrió en la mañana, pero era imposible llevarla a cabo con tranquilidad, además debía cumplir con mis obligaciones. Decidí resolverlo a la noche, y durante el resto del día solo constaté la felicidad que iba a suponer este cambio en mi vida, mi monótona y vacía vida. Me he pasado años rememorando momentos supuestamente inolvidables y perfectos, que curiosamente no lo parecen al vivirlos, y con el tiempo, según se te va deformando el recuerdo, gana en satisfacción producida. Ya no quiero vivir de eso, quiero vivir cosas inolvidables, y mi muerte lo será. El acto más libre y valiente de mi vida, mi monótona y vacía vida.
Alguno dirá, que no es motivo suficiente, y le diré que es cierto, también influyen muchos otros factores, por ejemplo, el hecho de ser insignificantes, no solo universalmente, sino que no somos nada ni en la tierra, ni en nuestro país, ni en nuestra ciudad, ni siquiera en nuestro portal, y diréis que tampoco es motivo, que tenemos gente que nos quiere, y yo diré que tampoco ellos son nada.
Opinaran todavía que no es motivo suficiente, que algo superior nos quiere, y yo diré que entonces me voy con él, y si no llego, porque no haya nada, me libraré de mi vida, de mi monótona y vacía vida.
Recuerdo ahora que en la hora de comer, se presentó a discutir otra parte de mi. Era el optimismo, y otra vez empezó a contarme acerca de las puestas de sol que no vería, de las lunas llenas que solo iluminarían mi tumba, de los besos que nunca daría, de las personas que no conocería, del chocolate que no comería, de los libros que no leería, de las juergas que no me correría, de que nunca volvería a charlar con mis amigos, que pensara en mi familia, que pensara en todos ellos, que no se merecían sufrir por mi culpa, me habló también de la de cosas que jamás aprendería, de lo que nunca conocería. Y yo, a cada una de esas cosas, le quitaba importancia, las convertía en lo más banal que podía existir, que no importaba, que eso no era nada, que universalmente es insignificante e indiferente, que el sol estallaría algún día, que la luna se aleja 3 cm al año, que en realidad nada toca nada, que las fuerzas opuestas de los electrones impedían el contacto real, que solo era repulsión atómica, que esas personas como yo no son nada, que el chocolate es nada, ni siquiera tiene una vida, una monótona y vacía vida, que los libros solo sirven para intentar comprender algo tan grande que ni arañamos su superficie, o en el peor de los casos distraer, que la juerga era un intento de evasión, que la familia y amigos tampoco eran nada, que para que queremos aprender si no llegaremos a saber nada que nos llene, que cuanto más conociera, más preguntas irresolubles se me plantearían.
Ahora, ya me conocéis un poco mejor, ya os podéis marchar, no quiero salpicaros con mis sesos, en serio, iros de aquí, dejadme morir dignamente, dejadme ser libre, dejadme abandonar mi vida, mi monótona y vacía vida.
Ah, que no queréis, muy bien, pues entonces solo diré una cosa más, ave atque vale, salud y adiós.
Un ruido ensordecedor taladra mi cerebro, a la vez, o antes incluso, una bala destroza mi hueso frontal, atraviesa mi cerebro de lado a lado, y sale destrozando mi occipital.
Noto como un reguero de sangre recorre mi cara, me llega a los labios y a la lengua, no noto su sabor, la bala ha destrozado esa parte del cerebro, tampoco siento la sangre que seguramente recorra mi espalda y cuello, mis piernas fallan, me desplomo y alcanzo a oír, eso si que puedo, como gritáis por mi.
Ahora estoy en un hospital, y el médico dice que he tenido suerte...¿suerte?, bueno, da igual, me dice que la bala apenas perforó el cerebro, que perderé el tacto, y algún sentido más, pero veré y oiré. Dice que es un milagro, dado que la bala atravesó de lado a lado mi cabeza. Yo no creo que fuera eso, la bala mató la parte negativa de mi, lo comprendía mejor, no había muerto porque ya estaba muerto, si no disfrutaba nada, no valoraba nada, no era diferente a un cadáver, ahora que he renacido, y digo bien, renacido, ya que he vuelto a la vida, impediré a toda costa morir en vida, y lo más importante que nadie vosotros, que os preocupasteis por mi, lleguéis a morir en vida...
No hay comentarios:
Publicar un comentario